La línea de investigación propone estudiar las vinculaciones de las izquierdas uruguayas -comunistas, socialistas, anarquistas y demócrata cristianas- con tres procesos claves de la historia latinoamericana del siglo XX: la Revolución cubana de 1959, la denominada ?vía chilena al socialismo? de 1970 y la Revolución nicaragüense de 1979.
Con el fin de defender los tres procesos se pusieron en marcha una serie de dispositivos tanto a nivel nacional como internacional. Entre ellos, la creación de comités de solidaridad y la formación de ?brigadas? de trabajo voluntario con el fin de sumarse a actividades concretas que en diversos terrenos ayudarían al desarrollo de cada proceso revolucionario.
En el caso cubano cumplió un rol clave la campaña de alfabetización emprendida por el gobierno en 1961. A partir de una meta indiscutible, sacar del analfabetismo a miles de cubanos, educadores de diversas partes del mundo se sumaron a la organización. En Uruguay, se instrumentaron campañas para el envío de materiales didácticos: cuadernos, lápices, pizarrones, etc. Pero además, algunos reconocidos educadores -como Jesualdo Sosa y Julio Castro- entre muchos
otros, participaron de la campaña, recorrieron la isla y ayudaron en la tarea directa de alfabetización. Ya en 1960, se había organizado en Uruguay el Movimiento de Maestros José Martí, que llegó a tener representantes en los diecinueve departamentos del país y que se integró al Comité Coordinador del Apoyo a la Revolución Cubana uruguayo.
El Chile de la Unidad Popular (1970-1973), se transformó al decir de Aldo Marchesi (2019) en la capital de la izquierda latinoamericana. Además de convertirse en lugar de refugio para varios militantes que eran perseguidos en sus países de origen, la experiencia de la ?vía chilena al socialismo? se constituyó en un proceso que había que apoyar y conocer. Durante los tres veranos que duró el gobierno de Allende, diversos sectores de las izquierdas uruguayas participaron de las
Jornadas de Trabajo Voluntario organizadas por el gobierno chileno con el fin de cumplir con sus metas anuales: aumentar la producción en las minas, construir carreteras para comunicar zonas aisladas, entre otras.
En Nicaragua, luego del triunfo de la revolución en 1979 y fundamentalmente en la segunda mitad de los años 80` -coincidiendo con nuestros primeros años de retorno a la democracia- diversos colectivos de jóvenes vinculados a las izquierdas y al movimiento estudiantil, organizaron brigadas para colaborar con la producción de café. Por ello, fueron conocidas como las ?brigadas del café?, de las que participaron -al menos- uruguayos y argentinos. En Uruguay, se organizó con ese fin la ?Brigada José Artigas?, que se sumó a las actividades desarrolladas por el Comité uruguayo de solidaridad con Nicaragua.
Los tres procesos, en cada de uno de sus contextos, permitieron, en primer lugar, que los diversos colectivos de las izquierdas pudieran conocer de ?primera mano? lo que estaba sucediendo en cada país. A su regreso, cada uno de ellos transmitió a sus pares la experiencia, se hicieron evaluaciones, se analizaron posibilidades. En segundo lugar, se construyeron ?redes de solidaridad?, que trascendieron el país de destino. En cada caso, los uruguayos intercambiaron con cubanos, chilenos o nicaragüenses, pero también con miembros de otros sectores de las izquierdas latinoamericanas que habían decidido apoyar los procesos enviando voluntarios.
Pensar en estos casos nos permite analizar diversas dimensiones. En primer lugar, la estrictamente política: qué sectores apoyaron cada una de las experiencias, cuáles fueron los argumentos, y en ese sentido, poder establecer continuidades y diferencias en la larga duración (1960-1990). Las diversas concepciones de lo que implicaba ?ser solidario?, incidieron en las
maneras de pensar los significados asociados a la idea de revolución en los diferentes contextos de la Guerra Fría latinoamericana. Cada revolución propuso diferentes estrategias sobre las vías de acceso al poder y las transformaciones programáticas que tuvieron repercusiones en los grupos locales. Pero también provocaron transformaciones en los principios de la solidaridad y del internacionalismo, como fundamentos históricos de los activismos de izquierda y que contribuyeron a crear un ?nosotros? que trascendió las fronteras nacionales.
En segundo lugar, nos permite analizar aspectos sociales y culturales. Recuperar las historias individuales de quienes participaron de cada uno de estos procesos: lugar de nacimiento, generación, género, lugar de trabajo o estudio, roles internos dentro de cada colectividad, entre otras. Es decir, qué implicaba individual y colectivamente ser ?brigadista?. Así como también las motivaciones, expectativas, subjetividades, formas de transitar la experiencia y de transmitirla al
regreso.
El proyecto se propone analizar estas dimensiones en cada uno de los procesos en específico, para luego poder dar cuenta de forma más amplia de continuidades y transformaciones a lo largo del período.